Semana 1: Inicio de primera sesión

 Una hoja, un dibujo, una personalidad

Por: Sara María Malaver Rodríguez

A mi parecer había sido la mañana más fría después de tanto tiempo. Era la primera clase de 7:00 a. m. de la primera semana de un semestre al que todavía no he logrado descifrar.

No tenía muy claro con lo que me iba a encontrar, era investigación social, y por pura lógica, asumí de lo que trataría por su nombre. Investigación y sociedad. Dos de las muchas palabras que podrían describir a la perfección la carrera que estudio. No suelo hacerme expectativas de las clases y mucho menos preguntar a compañeros de semestres más adelantados sobre lo que veré. No faltaba mucho para que el reloj marcara las 7:00 en punto y, con David, nos sentamos en la primera fila. Justo había 4 puestos para este cuarteto insuperable. Fernanda, Kiana, David y yo. Ya eran 5 semestres juntos, el sexto no iba a ser diferente y como buen grupo, todos viendo la misma materia, a la misma hora y, por supuesto, en el mismo salón. No faltaba mucho para que el personaje que estaba en el escritorio se parara y diera la misma introducción que hacen todos y cada uno de los profesores de esta universidad. Nombre, carrera, expectativas y sueños por cumplir. Lo típico de toda presentación para iniciar una nueva materia, un nuevo profesor y, aunque no era mi parte favorita, allí íbamos de nuevo para decir lo que ya me sabía de memoria. Pero, lo que nadie se esperaba, era que el inicio de este día nos daría para reírnos un rato y explotar nuestras dotes artísticas.

Cobos. Lo primero que pensé al leer el apellido de mi próximo profesor, fue la clínica en la que me hicieron mi primera cirugía hasta el momento, Clínica Cobos, muy curioso para iniciar esta clase. Pasó un rato y aquel hombre, con gafas y con la esencia indiscutible de un profesor, nos dio la bienvenida. Pidió que sacáramos una hoja y algo con lo que pudiéramos dibujar. No sabíamos muy bien que haríamos, pero lo cierto fue que nos pidió dibujar algo que nos representara. ¿Algo que nos representara? A mí me representan muchas cosas. No me representa nada. Eso me dije y fue más difícil de lo que pensé, así que por el poco tiempo con el que contábamos para hacer la actividad, dibujé lo primero que se me vino a la cabeza… un trompo. ¿Qué carajos tenía un trompo para dibujarlo y decir que me representa?

Ahí estaba el asunto. Así soy yo, siempre en movimiento, mi cabeza con mil cosas y mi vida nunca para. Cuando leo esto que acabo de escribir me siento como una estrella pop juvenil, pero es cierto, mi vida es un constante “no puedo, tengo ensayo, trabajo, radio, gimnasio, universidad, familia, amigos”. Se acabó el tiempo y el profe, que por cierto se llama Juan Sebastián, recogió las hojas con dibujos, unos más lindos que otros. Luego, empezó a repartir al azar estas hojas a cada uno de los que estábamos allí, nos dio varias instrucciones, entre esas, intentar describir, a partir del dibujo que nos tocó, la persona que lo realizó. A mis manos llegó un escudo del Barcelona. Entre risas, todo el salón empezó a deducir de quién se podría tratar a partir de los mamarrachos hechos por todos. Asumí que quien me había tocado era un hombre, por supuesto, aficionado al fútbol y al Barcelona, a los partidos, a Messi, a la euforia y al ruido de los estadios. Así empecé a describirlo y eso hizo el resto del salón con los dibujos. Después de unos minutos, el profe nuevamente recogió las hojas e inició lo que sería un ejercicio divertido y curioso a la vez. No recuerdo muy bien con quién empezó, de hecho, no podría mencionar uno a uno todos los que participamos, pero sí datos, palabras y momentos que nos dejaron pensando algo, o por lo menos a mí. Pasaron varios, no faltaron las risas, descripciones que se alejaban de la realidad y otras más acertadas.

Llegó el momento de David, quien había descrito una corchea y de alguna manera había acertado en la personalidad de aquella persona. Por un momento, el profesor se detuvo en la letra de David y lanzó una pregunta que nos dejó pensando un rato. - ¿David, tienes una relación difícil con tu papá? – Todos nos miramos y por unos segundos lo procesamos, y allí llegó una nueva palabra a mi cabeza… grafología. Cómo, a través de la escritura, se podía descifrar la personalidad y el carácter de una persona. El profesor detuvo el ejercicio para explicar de qué se trataba aquello que pocos habíamos escuchado. Continuó con datos y más datos sobre esta ciencia, pero a medida que iba entregando todas las hojas, arrojaba más comentarios que nos fascinaban a casi todos. De hecho, nos contó que muchas veces somos el reflejo de lo que decimos sobre el otro, o sea, ¿nos vemos en el otro? Al parecer sí. De esta actividad podría decir mil cosas, pero, algo que indiscutiblemente llamó mi atención fue la manera en la que este profesor, mi profesor, logró enganchar a más de 20 personas con una hoja y un esfero.

Sí, habló de la metodología, instrucciones de la clase, experiencias de él y otros colegas, como el profesor de la Javeriana, que renunció porque sus estudiantes no sabían escribir y, claro, no pude evitar pensar que en La Sabana no pasaría, imposible. Pasamos por 3 escrituras. Comentó además sobre la Taxonomía de Bloom, una herramienta que establece varios objetivos de aprendizaje. En fin, no es que haya sido menos importante lo que vimos el resto de la sesión, pero sí debo decir que ha sido la primera vez en lo que llevo de carrera, que un profesor se atreve a volar la mente de sus estudiantes a partir de un dibujo cualquiera. Y como él añadió al final, “me gusta sacar a mis estudiantes de la zona de confort”. Pinta bien esta materia, indudablemente.

Comentarios