Semana 2: Segunda semana y contando...
¿Víctimas digitales?
Por: Sara María Malaver Rodríguez
Segunda semana y contando. El segundo
jueves del semestre y si, a las 7:00 de la mañana en clase. Justo ese día,
cuando íbamos de camino para el salón, David y yo llegamos a una conclusión
peculiar: el cerebro funciona a la perfección después de las 8:00 de la mañana,
como si fuéramos neurólogos o algo similar. Lo estuvimos platicando un rato,
dimos algunas razones, inclusive nos cuestionamos por qué nosotros, Colombia,
somos el país más madrugador del mundo. Sí, somos el país del sombrero
vueltiao, del café, de las orquídeas y también el que más madruga. Siempre
batiendo récords. Hablamos de cómo esto viene de hace tantos siglos y unas de
las tantas razones es el campo, de los campesinos, de la tierra. ¿Por qué?
¡Claro! El día en el campo empieza desde muy temprano. A las 4:00 de la mañana
de un día cualquiera, una persona en el campo ya está bañada, desayunada, ya
rezó varios rosarios y a lo mejor, ya habría ordeñado unas cuantas vaquitas. Y
eso viene de los siglos, de los siglos, amén, pero es bastante irónico, somos
el más madrugador pero el menos productivo, según la OCDE. Mi cabeza
literalmente se colisionó. Me resulta muy difícil creer que a pesar de que
abrimos los ojos en la madrugada cuando en algunas partes del planeta siguen
durmiendo, somos tan poco productivos, no rendimos como se supone que debemos
rendir, y se nos va el día entre los dedos. Entonces “al que madruga, Dios le
ayuda” ¿dónde queda? Aparentemente Diosito no quiere intervenir de más y mucho
menos, obligarnos a madrugar. Pero bueno, quien soy yo para refutar a mi
abuelita, que madruga sagradamente a hacerse su tinto, y a la universidad, que
pone clase a las 7:00 de la mañana. ¡Qué viva el estudio carajo! ah y la
madrugada también.
Después de mi pensamiento hippie de
la mañana, me dirigí al salón y me dispuse a recibir la clase de investigación
social. El profe inició llamando a lista y siguió con lo que tenía planeado
para la sesión, leer algunas bitácoras y así ir desarrollando la clase.
Recuerdo que la primera en atreverse a mostrar su bitácora fue Francy, muy
valiente, la verdad. Y a partir de allí pudimos empezar a desarrollar conceptos
como la cultura del registro, que como bien lo define el profe Cobos, se basa
en documentar todo, dejar en evidencia y ponerlo en común. Sí, así como dejaron
en evidencia en una servilleta, el primer contrato de Messi con el Barcelona,
que por cierto, será subastada por 379.000 dólares.
Esto me llevó a pensar y a cuestionar
esta cultura del registro con una mirada hacia las redes sociales. ¿Qué tanto
debemos dejar en evidencia? ¿Qué tanto debemos mostrar en nuestras burbujas
digitales? se que se aleja un poco a lo que quiso explicar Cobos pero esto me
hizo abrirle paso a varios interrogantes. Por ejemplo, ¿cuántos de nosotros
somos víctimas?
Víctimas digitales. Hemos estado
acostumbrados a dejar todo en evidencia en Instagram, Facebook, Twitter e
incluso WhatsApp. Si, son redes sociales, espacios públicos pero hasta que
parte, nosotros dejamos de ser de nosotros? Aunque es una pregunta difícil de
responder, resulta fácil convertirse en víctima, de cualquier manera allí, en
mi propio perfil, en mi burbuja de internet y amigos. Por ejemplo, hace poco vi
un especial de Séptimo Día, de cómo en este siglo todavía es tan fácil caer en
una estafa. Es incomprensible y cuestionable saber que las personas por pura
inercia, depositan su dinero en perfiles/personas que crean todo tipo de
confianza, generando así que sus víctimas decidan responder económicamente
muchas veces, depositando altas sumas de dinero y estafandolas una y otra vez.
Pero bien, esto no se inventó ayer, ni tampoco hace 10 años. Esto viene desde
hace siglos y más precisamente de España, este tipo de estafa tiene su origen
hace mucho durante el reinado de Isabel I, por entonces convencían a las
víctimas de que enviase el dinero para liberar a compatriotas ingleses
supuestamente encarcelados en mazmorras españolas, esto se conoce como el timo
del prisionero español. Ahora bien, 400 años después, existen timadores
modernos, quienes usan el bendito internet para hacer de las suyas, suplantando
perfiles y recibiendo dinero por doquier. Graham Cluley, experto en seguridad
informática, afirma que de todo internet, Facebook es donde más crece la ciber
delincuencia, hay más correos, basura,
spam. Pero esto no es todo, no basta con saber que las redes sociales no
son tan inofensivas como parecen, y es que a diferencia de la moda, el internet
y lo que hay en él, es atemporal y constante. Es un eterno presente de todo lo
que posteamos, reaccionamos, comentamos y hasta “likeamos”. Un ejemplo claro es
el caso de un jóven británico, que por alguna razón, decidió hacer un
comentario en una red social asegurando que pondría una bomba en un aeropuerto
porque este tuvo que cerrar. Este comentario en particular, no fue lo bastante
simpático para muchos, y como lo dije antes, es un eterno presente, es como la
hoja de vida digital de cada uno, y su comentario perdurará y llegaría a manos
y oídos de altos funcionarios del aeropuerto, pero esto no es lo más sorprendente,
pues el comentario causó tanto revuelo que fue despedido de su trabajo.
Es allí donde también retomo algo que
mencionamos en clase, esa capacidad que tenemos nosotros como personas de
llegar hasta el límite de lo que nos rodea. Hasta dónde podemos llegar con un
perfil tan simple como lo es uno de Instagram o Facebook. Muy lejos,
aparentemente.
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