Semana 7: Objetivos y Alcances de Investigación
“Una buena investigación, da pie para otra investigación”
Por: Sara María Malaver Rodríguez
El turno es para los objetivos tanto
general como específicos y la definición del alcance de la investigación. La
clase de nuevo empezó como de costumbre, leímos dos bitácoras y corregimos
entre todos varias cosas que el profe iba notando. La verdad quise arriesgarme
para que me leyeran de nuevo pero por alguna razón me detuve y no postulé mi
escrito que en lo personal, había quedado muy bien. Después de esto, entendí
realmente la finalidad de leernos a todos en voz alta, y es que además de
mostrar nuestras capacidades de redacción y condensación de la información, la
seguridad que vamos adquiriendo con este ejercicio, es brutal. Ahora quiero que
me lean todos, mis amigos, mi familia e incluso desconocidos. Ser leído por
otra persona engrandece mi amor por la escritura y por supuesto, por la
lectura. Cada vez me conozco más, escribiendo estos renglones cada semana.
Punto para este método de Cobos.
Seguimos ahora sí con el primer tema
de la clase: los objetivos específicos y general. Debo admitir que era un tema
que me sacaba de quicio en el colegio, no era mi cosa favorita en la vida, pero
aún así debía cumplir con hacer mi trabajo de grado, claramente haciendo
objetivos. A modo de recordar y solo por evocar un sentimiento de nostalgia de
lo que fue y es ser promoción pandemia, justo se me viene a la cabeza mi
proyecto de aquel entonces, los efectos de las actividades extracurriculares en
estudiantes de noveno y décimo. Y ahora que lo pienso, me hubiese gustado
recibir toda esta introducción que he estado aprendiendo con Cobos para hacer
una buena investigación. Habría sido útil y sin duda, mi trabajo hubiese sido
mucho mejor. En fin, todo esto para dar paso a lo que explicaron mis compañeros
de este punto de partida para desarrollar un buen estudio.
Según González (2017) “es el
enunciado claro y preciso, donde recogemos la finalidad que se persigue con
nuestra investigación, es decir, plasmar que queremos lograr, alcanzar o
conseguir con nuestro estudio”, son resultados específicos que una persona se
esfuerza por alcanzar, en un tiempo determinado. Ahora bien, existen dos tipos
de objetivos: el general y los específicos. En el objetivo general nos
dirigimos al logro principal necesario para responder a la pregunta de
investigación. Qué se quiere saber, sobre qué características o situaciones, en
qué, quiénes, cuándo y dónde. Por otro lado, los objetivos específicos buscan
definir los propósitos principales del estudio y están interrelacionados con el
objetivo general.
Aquí viene lo más importante y es
entender a la perfección la redacción de estos, para así tener una ruta
definida. ¿Cómo redactar objetivos y no fallar en el intento?
Primero, debemos reflexionar acerca
del propósito y las metas que se buscan; segundo, es necesario dirigirlos hacia
el alcance de resultados tangibles; tercero, es de suma importancia hacer uso
de verbos en infinitivo; cuarto, definir objetivos específicos por cada
objetivo general. Esto nos conduce a un punto de inicio correcto y nos facilita
el trabajo.
Así mismo, existen los objetivos SMART. Es una técnica de redacción de
objetivos que destaca cinco criterios clave para asegurar que los objetivos
sean claros, específicos, alcanzables, relevantes y limitados en el tiempo. Por
supuesto, como en todo, podemos cometer errores y más a la hora de formular
estos objetivos. Cobos nos repitió una y mil veces un grave error que cometemos
siempre… elegir un tema demasiado amplio. Así mismo, nuestros compañeros nos
mencionaron que muchas veces establecemos objetivos poco realistas o
seleccionamos métodos de investigación incompatibles.
Después de esto mencionaron algo
llamado método PICOT. Esto permite
una exposición clara y detallada durante la presentación de los proyectos. Sus
siglas lo indican: la población que define el grupo de interés, la intervención
que especifica la acción que se estudiará, la comparación que establece un
grupo de comparación, si es necesario. El resultado, que describe lo que se
espera lograr y por último, el tiempo que especifica el periodo de tiempo para
el estudio.
Fue bastante útil hablarlo, como lo
dije antes, hubiese sido de gran ayuda porque ahora todo tiene más sentido. Sé
que implementar, que métodos puedo usar y sobre todo, ser realista a la hora de
fijarse una meta en una investigación.
Posteriormente, Cobos nos mostró el
test del malvavisco. Esto se generó a partir de que en los años 60, el
psicólogo Walter Mischel creó un experimento para evaluar la capacidad de
autocontrol en niños pequeños, un tema que luego fue explorado por Daniel
Goleman en su obra "Inteligencia
Emocional". El experimento implica ofrecer a un niño un malvavisco (u
otro tipo de dulce) y darle la opción de comerlo inmediatamente o esperar un
tiempo determinado sin comerlo, a cambio de recibir una recompensa adicional,
como un segundo malvavisco. El propósito es observar si el niño puede resistir
la tentación de comer el dulce de inmediato para obtener una recompensa mayor
más tarde. Vimos dos videos sobre este experimento, el primero que se realizó
hace 10 años en Estados Unidos. A todos nos conmovió el hecho de que fueran
niños, con su inocencia, reacciones, tentaciones e incluso gestos.
Muchos se veían bastante tentados a
comerse el masmelo pero hicieron lo que pudieron para resistirse, otros niños
decidían morder la punta o las esquinas solo para saciar sus ganas de probarlo
y otros, por el contrario, esperaron varios minutos para introducirlo a su
boca, sin pensarlo, con cara de pícaros pero felices por tener un dulce. Allí
me pregunté qué habría hecho la Sara pequeña. ¿Me lo hubiese comido, hubiese
esperado o por lo menos habría hecho el amague para comerlo? No lo sé, soy
bastante impaciente pero a decir verdad, quiero creer que mi yo pequeña habría
esperado hasta el final para reclamar su premio.
Cobos, además añadió que el estudio
ha arrojado resultados interesantes, mostrando que los niños que pueden
postergar la gratificación suelen tener mejores resultados en la vida académica
y profesional en el futuro. También, que los niños que no esperaron, ahora
tienen problemas en su vida personal,
familiar e incluso laboral. Este experimento ha sido ampliamente utilizado para
investigar la capacidad de autocontrol, la toma de decisiones y la
autorregulación en los niños.
En un segundo momento, nos mostró el
otro video, un poco más actual con niños de España. Esto sí que nos hizo reír
un montón. Era el mismo experimento pero
a diferencia del malvavisco, era una máquina o dispensadora de caramelos.
Recuerdo mucho que eran un poco más de 5 niños, casi todos de la misma edad.
Estaban dos personajes que servían de anfitriones o quienes daban las
instrucciones a los niños, “no pueden tocar la máquina, ya volvemos”. Mostraron
varios momentos, todos queriendo acercarse, la mayoría, por no decir todos, se
veían muy tentados para pararse en frente e intentar aunque sea ponerle un
dedo. Finalmente, una pequeña llamada Tessa se atrevió a hacer lo que ninguno
de sus compañeros pudo, no solo tocar la máquina, sino que le dió la vuelta a
una especie de perilla (realmente no sé como se llama esa parte de la máquina)
e hizo que empezaran a salir todos los caramelos de a montones, sin parar.
Esto provocó cualquier tipo de
reacciones, todos quedaron sorprendidos y acto seguido, cada uno actuó como más
le convenía. Un pequeño decidió irse a otro lugar y simplemente esconderse,
sabía que recibiría un regaño, empezó a desesperarse y a llorar como si hubiese
sido él el de la culpa, decía entre lamentos “no puedo mirar, no puedo mirar”.
Fue muy pero muy gracioso, perfectamente pude haber sido yo. Otros simplemente
veían, o se acercaban a recoger los dulces y comérselos.
Tessa, por su parte, empezó a llorar
sin detenerse, desesperada por no saber qué hacer, era consciente de que no
había acatado la orden. Lo que más me causó gracia, fue la reacción de un niño
que al ver el espectáculo que estaba sucediendo, resolvió todo diciendo “que
siga la fiesta, que siga la fiesta”. Era increíble el grado de tranquilidad que
manejaba él, solo disfrutaba, al parecer, de la angustia de sus amigos.
Recuerdo haberle dicho a Fercha que le habían creado un trauma de por vida a la
pobre Tessa.
El profe añadió que era una
investigación de tipo cuantitativa, ya que era un experimento, pues se podía
controlar desde afuera todo lo que pasaba alrededor de este escenario.
Es un muy buen ejercicio, tiene mucho
sentido. Nunca olvidaré lo que dijo Cobos, “una buena investigación da pie para
otra investigación”. Y sí, aún se hacen varios test como estos para probar al
ser humano.
Después nos propuso hacer una
actividad, utilizando la mauskeherramienta misteriosa, Chat gpt. Debíamos pedirle que nos hiciera el objetivo general y
los objetivos específicos del experimento anterior. El primer prompt que usamos fue: actuando como un
investigador como Walter Mischel, establece un objetivo general y uno
específico del experimento del masmelo llevado a cabo en niños.
Nos arrojó lo siguiente: el objetivo
general de este experimento inspirado en el trabajo de Walter Mischel, conocido
como el "Experimento del Malvavisco" (masmelo), es investigar la
capacidad de control de la gratificación y la relación entre la autocontrol en
la infancia y el desarrollo a largo plazo. Se busca comprender cómo la
capacidad de resistir la tentación en una situación específica en la niñez
puede influir en el éxito académico, social y emocional en la adultez.
Y en los objetivos específicos,
evaluar la capacidad de autocontrol en niños mediante la observación de su
comportamiento frente a la tentación de consumir un masmelo inmediatamente o
esperar un tiempo determinado para obtener una recompensa adicional. E
Investigar la relación entre la capacidad de autocontrol demostrada en la
infancia y el rendimiento académico en la adolescencia y la adultez.
Hablando de experimentos, el
aprovechó también para mencionarnos el experimento de Milgram. Esto surgió
después de que Adolf Eichmann, un importante líder nazi responsable de la
implementación de la "solución final" durante el Tercer Reich, fuera
condenado. El psicólogo Stanley Milgram
de la Universidad de Yale realizó un experimento para investigar hasta qué
punto una persona común estaría dispuesta a causar dolor a otra persona solo
porque una figura de autoridad se lo ordenaba. Las conclusiones de este controvertido
estudio siguen generando interés y debate incluso después de 60 años.
Para la realización del experimento
se necesitan tres personas: el investigador, el ‘maestro’ y el ‘alumno’. El
maestro se separa del alumno por un módulo de vidrio y al alumno se le ata a
una especie de silla eléctrica conectado con electrodos. El maestro tiene como
labor castigar con descargas eléctricas al alumno cada vez que este se
equivoque en una respuesta. Se señala que las descargas pueden producir ‘mucho
dolor’ pero en ningún caso ‘daños irreversibles’. Y arranca el experimento.
Como lo menciona David Rubio en Psicología y Mente, un blog de
desarrollo personal, neurociencias y bienestar, experimentos como el de Milgram
ponen el foco en un aspecto mucho más inquietante: que cualquier persona es
capaz de todo si se dan las circunstancias adecuadas. Que todos podemos ser un
Eichmann o un Hitler sometidos a la máxima presión en un contexto crítico,
obedeciendo ciegamente las órdenes de una entidad superior.
Creo que aquí culmina mi bitácora, me
extendí un poco más de lo habitual. Podría seguir mencionando todo lo que
aprendí, pero creo que una bitácora no es suficiente para dejar en evidencia
todo lo que me llevo de las clases de Cobos.
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