Maravillas de una mezquita: El Islam en un día

 SALIDA DE CAMPO



Maravillas de una mezquita: El islam en un día


Por: Sara María Malaver Rodríguez


"La lucha contra sí mismo, contra las tendencias que arrastran al hombre fuera de su centro, lo que, llevándolo hacia deseos parciales le conduce a fabricarse ídolos y, por consiguiente, le impide reconocer la unidad de Allah. Esta ‘idolatría' interior es más difícil de vencer que la exterior. Por eso para comenzar esta etapa, es necesario conseguir la expansión del islam en todo el Dar al Harb" La Gran Yihad


Querido lector, esta es una de esas bitácoras que le hará replantearse una religión que todos pero que nadie cree conocer, o eso quiero pensar, porque a mi me pasó, sino, léala sin compromiso. De todas formas, le prometo que aprenderá algo. 

Primer aviso: no es sobre prostíbulos, ni traquetos, ni drogas. Es más que eso. Una mirada hacia una religión desconocida y estigmatizada.


Bienvenidos…


Parte I: ahora, ¿qué lugar visitamos?

Entendí que Cobos nos había preparado durante casi todo un semestre para este momento: la salida de campo. Realmente, cuando el profe nos planteó la idea desde la primera sesión de clase hace varios meses, no presté mucha atención, solo pensamientos vagos iban y venían en mi cabeza sobre lugares a los que tal vez podría ir, pero nada serio.

Recuerdo que un jueves, después de la clase, nos sentamos con Kiana, David y Fernanda para pensar a qué lugar iríamos. Por supuesto dijimos que iríamos los 4, de igual forma cada uno vería cosas distintas y escribiría bitácoras diferentes. Kiana formuló la siguiente pregunta: “¿a qué lugar no irían nunca? Un lugar que les cause la mayor incomodidad posible, que les remueva todo”. Se me pasaron por la cabeza miles de lugares, desde un prostíbulo hasta un lugar donde se hicieran sesiones de exorcismos. El prostíbulo fue una idea que nos agradó a la mayoría, era nuevo, incómodo y exótico para todos, pero finalmente se quedó en idea. Si íbamos, debíamos ir acompañadas, por lo menos de algún hombre, en este caso David, pero como era de esperarse, dijo que no. Así que seguimos rebuscando en nuestras cabezas pensando en algún lugar que nos causara malestar.

Pensamos en todo, clínicas psiquiátricas, cementerios, ancianatos, fundaciones, e incluso pueblos fantasmas (este último no tiene mucho sentido, lo sé, pero sonaba peculiar) entre otras, pero nada que llamara nuestra atención totalmente.

Pasaron los días y finalmente se nos prendió el bombillo. En una clase hace varias semanas, Francy mencionó algo sobre ir a sesiones de sadomasoquismo, todos nos miramos con cara de sorprendidos pero sin lugar a dudas, nos interesó. Al principio lo dudé y lo pensé bastante, pero aún así, ir a un lugar donde practican este tipo de cosas no se vive cualquier día. Pedí a Francy que nos comunicara en qué lugar sería y así nos pegábamos al parche de ella, pero jamás pasó. No hubo respuesta y nosotros cada vez más desistíamos de ir a ese lugar. 

Aunque una parte de mi si sentía curiosidad por pisar algún espacio donde las personas disfrutaran el dolor y quisieran ser humilladas para sentir placer, otra parte de mi desconocía el propósito de ir a presenciar algo tan inhumano y cruel.


Parte II: del sadomasoquismo al Islam

Tuve un particular encuentro con una persona de la universidad. Él me estaba ayudando a corregir una columna de opinión que había hecho unos meses atrás y por alguna razón me había pedido que hiciera una crónica sobre algo que me gustara bastante o de algo de lo que me gustaría escribir. En ese momento mi cabeza tuvo una crisis, me bloqueé, divague un montón y por un segundo se me olvidó lo que me apasionaba. En medio de la conversación, surgió la pregunta: “¿qué te está rondando en la cabeza en este momento?”.

No supe responder. Mi vida va a mil por hora, siempre estoy haciendo algo y todo me da para cuestionarme. Mi mamá siempre me pregunta que cómo hago para tener tantas preguntas al mismo tiempo de todo lo que pasa frente a mis ojos, de todo lo que escucho o de todo lo que siento. En fin, no supe qué decir porque en sí no tenía la respuesta que yo quería escuchar. Luego me la puso más fácil: “¿estás leyendo algo ahora mismo que te haga interesarte en algún tema?” -Sí, por supuesto que sí- le dije. Justo por esas semanas estaba leyendo El Atentado de Yasmina Khadra, que por cierto, lo recomiendo bastante. 

Un ataque suicida provoca la muerte de varias personas en un restaurante. La historia se centra en el doctor Amín Jaafari, un hombre israelí de origen palestino que vive una vida de ensueño junto a su esposa. El día del atentado recibe la noticia de que entre los muertos está su esposa y que además, todo apunta a que es la responsable de este terrible suceso. Amín se adentra en una cadena de pistas, de preguntas sin respuestas, de una religión manchada por el odio y el fanatismo para comprobar lo que no quería, su esposa se había inmolado por su religión. Un musulman, en un país de judíos y su esposa… la kamikaze de un terrible desenlace. 


Allí en ese libro y gracias a mis preguntas sobre cada renglón que leía, nace esta salida de campo: El islam en un día. Por supuesto que debía escribir sobre el Islam, sobre los musulamanes, sobre El Corán y sobre Alá. 

Me atreví a buscar sobre las mezquitas que estaban ubicadas en Bogotá, a enviar correos y buscar la manera de ir, entrar, ser uno de ellos por algunas horas y más allá de pensar en esta bitácora, vivir mi rol, el ser periodista. 


Parte III: Más fácil de lo que pensé

A Sara le encanta complicarse (si, yo). Así que empecé a enviar correos, a llamar todos los días, enviar mensajes de texto e incluso, preguntarle a varias personas cómo podía acercarme a uno de estos lugares. Como lo esperaba, no recibía respuesta de nadie, tampoco por correo o por mensaje. Empecé a desistir de esto de a poco, no veía mucho futuro, la verdad, pero en esto es donde está la esencia de mi profesión, arriesgarse e intentar hacer un trabajo que valiera la pena.

Debía ir personalmente, preguntar, entrar y hacer rapport inmediatamente. Le mencioné algo a Fernanda y ella, tampoco sin pensarlo, se subió al bus del islam y de Alá. 

Todo se dió muy rápido, casualmente un día que estaba en Bogotá pasé por aquella imponente mezquita que queda por la 80. Creo que la mayoría ha pasado por este lugar y se ha preguntado qué es. Evidentemente no es una parroquia o iglesia cristiana, así que debía ser algo más. Lo único que sabíamos que debíamos hacer era ir cubiertas de pies a cabeza y con algún tipo de velo que cubriera nuestro cabello, así que lo hicimos.

Nos vimos en una estación de transmilenio cerca de allí, y emprendimos nuestro camino hacia la mezquita. En el camino nos hicimos un montón de preguntas, en realidad sabíamos muy poco y no nos imaginábamos lo que nos esperaba allí adentro.

Así que Alá o tal vez Mahoma conspiraron a nuestro favor y todo se dio de la manera más natural y fácil posible. 

Recuerdo haberme hecho en la puerta de la mezquita y echar ojo hasta donde no más, pero no veíamos a nadie. Por un momento pensé que no pasaría y que debíamos regresar otro día. Pero a lo lejos se asomó un hombre, sentado frente a una mesa de plástico blanca y un computador encima de ella. Una túnica blanca hasta los pies, descalzo y con una barba que sin lugar a dudas, demostraba que no era de por acá cerca (cerca me refiero a Colombia). Hicimos contacto visual por algunos segundos y allí le grité a Fernanda: “me miró, me miró, ahora ¿qué hacemos?” 

El hombre por fin se acercó a la puerta y con una sonrisa algo cálida pero temerosa preguntó con un español muy claro, pero era evidente que no era su lengua materna, el por qué estábamos allí. Yo, muerta del miedo y de la pena, le sonreí sin pensarlo presentándonos como periodistas de Unisabana Medios.

Estoy casi segura que ni le prestó atención a lo que dije, solo abrió la puerta y con la sonrisa más amable y desinteresada que jamás había visto, nos dió la bienvenida a su lugar favorito, a su templo sagrado.

No pude haber imaginado mejor inicio. Fue más fácil de lo que pensé, ya estábamos adentro, por fin y lista para sacar mi lista de preguntas. 


Parte IV: La desnudez del todo 

Este hombre nos saludó muy cordialmente, se tomó la delicadeza de decirnos una serie de cosas que debíamos tener en cuenta antes de entrar a un salón gigante que teníamos frente a nuestros ojos. 

1. No entrar con zapatos.

2. Usar el velo que cubra todo el cabello.

3. Las mujeres oran en el segundo piso

 

Acto seguido, nos quitamos los zapatos, cogí mi chal e hice la acción para colocarlo en la cabeza, pero allí este hombre tan dulce se rió y me preguntó si sabía ponermelo de la manera correcta. Era obvio que no tenía ni idea, pero ahí estaba Fernanda para salvar la patria y acomodarlo. Resulta que hay un modo específico para ponerlo, cada mujer debe seguir una serie de pasos y movimientos para colocarlo encima de su cabeza y tapar por completo su cabello. Eso, por ejemplo, yo no lo sabía.

                                                

                                                


Nos dio paso y seguimos a un salón gigante, con una alfombra impecable, totalmente vacía. Era un lugar majestuoso, sin ruido, carente de cualquier imagen o figura. Segundos después de entrar, nos pidió que caminaramos por todo el lugar, mientras él preparaba la mesa para poder conversar los tres.

Caminé por todo el lugar, preguntándome la razón de la desnudez de las paredes y de la sala en general. Fui hasta el frente y me percaté de una especie de tarima pequeña, con una silla y un micrófono. A cada lado dos estantes que contenían libros en árabe y español como El sagrado Corán o traducción de árabe a español. Miré hacia arriba y en la cúpula sobresaliente, se divisaban palabras en árabe y algunas figuras en color vinotinto. Cuando bajé mis vista en frente tenía otras figuras similares del mismo color y un tablero repleto de letras árabes con algunas mesas y sillas de plástico, asumí que allí podían tener clases sobre el islam o algo relacionado a este. 

                                           

El hombre que nos recibió muy dulcemente ya estaba en su lugar, con dos sillas enfrente esperando a responder todas nuestras dudas. No esperé un solo segundo y arrastré a Fernanda hacia mi para que pudiéramos sentarnos y dar inicio a lo que llevaba esperando por tanto tiempo.


Parte V: Mohamed, nuestra puerta de entrada al islam 

Empezó desde cero. ¿Qué es el islam? ¿Quiénes son los musulmanes? ¿Por qué Alá y no otro dios?

No podré relatar todo lo que nos enseñó y compartió Mohamed, pues es bastante, pero tocaré puntos que a mi parecer son importantes o que de alguna manera volaron mi cabeza, aclarando que soy católica. 

Nuestro amigo, le digo así porque desde un inicio lo sentí así y hasta el final, comenzó por explicarnos los cinco pilares de la religión que profesa. 

Primero; la profesión o testimonio de fé. Se reconoce que Alá es el único dios que existe y Muḥammad o Mahoma (en castellano) es el mensajero o profeta. Nos miró fijamente a los ojos, afirmando que este dios era el único creador, que era completamente mentira que Dios había descansado al séptimo día, pues era imposible que lo hiciera. Dios no descansa, la tierra no aguantaría un solo día sin él, fue muy claro este hombre con lo que acabo de escribir y a continuación nos formuló la siguiente pregunta: “¿ustedes creen que realmente Dios tuvo hijos?” 

A lo que yo asentí segura, pensando que claro, lo tuvo, es Jesús. Por supuesto, no fui capaz de decirlo pero él me leía los ojos y la mente. 

“No, Dios no tuvo hijos, es tan perfecto por lo que no necesita engendrar a un hombre, no necesita de un hijo para ser Dios”. Nos puso sobre la mesa una premisa clara: si Dios hubiese tenido un hijo no lo hubiese mandado como presa viva para que lo asesinaran cruelmente y sin piedad. 

Para los musulmanes, Jesús es solo un profeta. Cada profeta es como una actualización del anterior. Por ejemplo, Mahoma es otro profeta, pero es el último y el mensajero de Dios, así que todos deberíamos seguirlo.

El segundo pilar es la oración. Deben hacerlo cinco veces en el día y siempre en dirección a La Meca, el centro espiritual del islam. En el tercer punto, está la limosna, pagando anualmente el 2,5 de su capital, para purificar el alma y ayudar a los pobres. El cuarto es Ramadán. Justo por esos días, ellos aún seguían en esta celebración tan importante. Consiste en ayunar desde que empieza la madrugada, aproximadamente a las 4:45 hasta que se esconde el sol. Esto para solidarizarse también con los que no tienen nada que comer realmente en el mundo.

Y el quinto; la peregrinación a La Meca. Nos explicaba que es una obligación para cualquier musulman que cuente con condiciones físicas y económicas.

Cada que explicaba algo que lo entusiasmaba podía percibir en su manera de mirarnos el amor que realmente sentía por su religión, la nobleza era real. En ningún momento llegué a sentir que quería imponer alguna idea sobre lo que significaba para él lo que hacía.

Llevábamos ya un buen rato hablando y hasta el momento no nos había dicho su nombre. Hasta que no miró con una sonrisa de oreja a oreja afirmando: “por cierto, mi nombre es Mohamed, como el profeta”. Lo lucía con orgullo, amaba su nombre. 


Parte VI:  "as-salaam `alaikum" ("la paz sea contigo").

Se que la parte anterior puede ser aburrida e incluso ser buscada por internet pero así empezó esta experiencia, por el inicio. Para entender el sentido del islam primero debemos conocer sus bases.

Luego, mencionó algunas cosas que tenían sentido. Como que la santísima trinidad no existe, es un invento del cristianismo.

Aquí fue bastante enfático y con una risa burlesca nos dijo “en el colegio nos enseñaron que tres es tres y uno es uno, tres no puede ser uno y mucho menos, uno puede ser tres”. A ver, sentido tiene. Noté una leve inconformidad en su manera de decirnos que era incoherente pensar en que si Jesús (hijo) había muerto, pues moría también Padre y Espíritu Santo, si es que eran uno solo. La tierra no podía quedar sin Dios, es imposible.

Mientras avanzaba la conversación, se acercaba la hora de la oración. Varias personas iban entrando y justo en la entrada las mujeres se separaban de los hombres, subían al siguiente piso para disponerse a orar,  haciendo todos la misma acción, se quitaban los zapatos y seguían al salón gigante en el que estábamos solo los hombres.

Creo que de mis momentos favoritos de todo lo que viví ese día, fue el fijarme en el amor y el cariño que se demuestran entre todos. Los abrazos iban y venían, besos en la mejilla entre todos los asistentes, carcajadas en todo el lugar, sonrisas puras y conscientes, amistad desde la lejanía. Y se repetía un patrón, todos se saludaban en árabe pero con una frase en particular. Mohamed, una vez leyendo mis ojos, me miró y me aclaró lo que pasaba cada que entraba una persona y se acercaban unos con otros. 

Se estaban saludando:  "as-salaam `alaikum" ("la paz sea contigo"). Repetían todos eufóricos. Realmente disfrutaban y podía ver en sus gestos lo mucho que esperaban la oración. 

Entraban hombres en su mayoría con aspecto árabe, con un gorro pequeño encima de su cabeza, el famoso Taqiyah, con túnicas largas hasta los pies, algo así como estaba vestido Mohamed. Varios se acercaban a él y lo abrazaban como si no lo hubiesen visto hace muchos meses, hablando en su idioma y una vez más, riendo a carcajadas, pero así como seguían entrando personas que a simple vista podía notar que eran musulmanes, entraban turistas, personas como Fernanda y yo, tratando de entender una religión desconocida. Recuerdo que una mujer se sentó junto a nosotras, también prestando atención a lo que decía el hermano Mohamed. 

Parte VII: Jesús nunca murió, Jesús volverá 

Escuchar que Jesús nunca murió me resulta difícil. Crecí en una familia católica, era evidente que algo de esa frase no cuadraba con lo que yo estaba acostumbrada a escuchar. 

Pasó así… Jesús le pidió a alguno de sus discípulos que tomara su apariencia, asegurándole un lugar en el paraíso, la vida eterna. Así que quien murió en la cruz no fue Jesus, fue alguno de los hombres que lo seguían. 

No dudé en preguntar por el discípulo que había estado dispuesto a dar la vida por el profeta. Mohamed de nuevo me miró con una sonrisa de oreja a oreja y aseguró que nunca se ha sabido quién fue el afortunado. 

Mientras Fernanda y la otra mujer hacían más preguntas, yo miraba en todas las direcciones. Como es una religión de prosternación (arrodillarse por respeto), todos ingresaban y automáticamente ponían su frente en el piso, arrodillados. Había un reloj grande en todo el frente de la tarima que mencioné antes y marcaba la hora, manifestando que debíamos alistarnos para subir y empezar con la oración importante del día.

Pero aquí mi cabeza se volcó. Cuando volví a conectarme con la conversación, escuché diciendo a Mohamed que Jesús volvería, pero que además de eso, cuando pisara la tierra, se convertiría al islam y sería esta vez, musulman. Por completo, eso hizo que me cuestionara mil veces más, las razones para creer eso donde las buscaba o ellos estarían equivocados. No lo sé, aún hoy sigo pensando si eso podría ser posible, porque de serlo la historia de la humanidad se partiría de nuevo en dos, así como le pasó a mi mente justo en ese momento.


Parte VIII: No hacen parte de nosotros

Alguna vez hemos escuchado que los encargados de todos los ataques terroristas en este planeta son responsabilidad de los musulmanes. Los tildamos de mortíferos, atroces, terroristas. 

No pude evitar preguntar eso, quería saber que piensa ellos sobre los extremistas yihadistas, que utilizan las bases del islam para cometer crímenes.

Mohamed fue bastante claro, ellos no hacen parte de los suyos. El islam es paz, vida, amor, el asesinato no es permitido. Son personas que malinterpretaron el Corán de la peor manera posible, llevándolos a convertirse en la peor cara de una religión que lucha por ser desmanchada y liberada.

El hermano se rió, diciéndonos que ya llevábamos más de media hora con él y hasta ese momento no habíamos sido víctimas de un secuestro o de un atentado. No era posible echar en un mismo costal a cientos de personas que son realmente buenas y señalarlas como criminales.

Lo ví en sus ojos, aman de verdad, viven por sus mandatos, quieren a todos sus hermanos, comparten lo que tienen. Son personas como todos nosotros, con hijos, familia, con trabajo y propósito.


Parte IX: El turno para las mujeres

Llegó la hora de la oración. Procedimos a subir e intentar no llamar mucho la atención entre todas las mujeres que aguardaban allí para escuchar al Imán leer El Corán, pero era imposible. Todas llevaban puestas una especie de túnicas largas hasta los pies, con diferentes hiyab que cubrían por supuesto, el cabello.



Estábamos totalmente perdidas, no entendíamos nada pero imitamos lo que hacían las demás. De algo que si nos percatamos es que en medio de la oración, varias de ellas tenían el celular en sus manos, recostadas contra la pared o murmurando con otras mujeres. Era extraño, en una oración no sé qué tan permitido es el uso de todo esto.

Por fin se acercó un hombre a la tarima e inició la lectura, todo fue en árabe, así que era más difícil de captar o centrar mi concentración. Por un buen rato, el hombre siguió leyendo aquel desconocido libro y luego intervino otro pero en el salón donde estaban todos, esta vez, en español. Aproximadamente duró unos 20 minutos recitando fragmentos, afirmando lo que quería Alá para todos nosotros. 

Luego, el imán inició de nuevo una especie de rezo, todas las mujeres se acercaron y empezaron a unirse en una sola hilera, así empezaron a orar. No debía haber ningún espacio entre nosotras, pues dicen que si se deja algún espacio, el diablo puede entrar. El imán repetía algunas frases exactas y acto seguido debían prosternarse, a lo que nosotras seguimos, pusimos nuestra frente contra el piso. Era inconsciente, pero mientras todas le oraban a Alá, yo por alguna razón empecé a decir el Padre Nuestro en mi cabeza, recuerdo haberme reído un poco.

En fin, varios de estos actos los repetimos, sin entender nada, solo lo hacíamos.

Poco a poco, se iba terminando la oración, en realidad lo supimos porque las mujeres de nuevo se dispersaron y empezaron a salir. 

Sentí una especie de paz, el haber haber hecho esto me ayudó a adentrarme en un universo no tan distinto pero a la vez tan diverso, hablar con un musulman, apreciar de lo bella que es esta religión y de lo mucho que significa para cada uno de los musulmanes.


Puede no haber sido la mejor bitácora, no evidencié drogas, mujeres desnudas o tampoco dinero mal habido. Puede estar bastante larga y ser de un tema menos llamativo para varios, pero estoy segura de haber disfrutado cada segundo de ese día.

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